Vi el superbowl de Bad Bunny en la Cineteca

El último lugar en el que uno pensaría para ver el Super Bowl es la Cineteca Nacional, y sin embargo fue ahí donde vi el show de medio tiempo, rogando para que no se empalmara con la última película del ciclo de clásicos del cine cubano, Fresa y chocolate.

La cafetería, vacía un domingo por la tarde, se llenó minutos antes de que empezara el show, entre parejitas, un grupo de amigas con sus mamás, y unas cuantas personas que íbamos solas. Había gente incluso a la entrada, de pie, dispuesta a verlo en una pequeña televisión a lo lejos y con un audio terrible. Entre todos se sentía una gran emoción y el chiste se había vuelto canon: nuestro equipo era Bad Bunny.

Entonces apareció en la pantalla el anuncio, escrito en español, frente a un campo no de fútbol estadounidense sino de una plantación, y cuando entró él con la pelota en la mano el grito fue como de touchdown. Y hubo gritos de nuevo y de nuevo con cada canción que cantaba, fueran fiesteras, conmovedoras o ambas cosas, así como sorpresa conforme aparecían artistas completamente inesperados.

Desde la barra, los de la cafetería les decían a los de la puerta que entraran; no importaba que no consumieran, claramente el momento era para bailar salsa y reguetón y para cantar "Quieren quitarme el río y también la playa / Quieren al barrio mío y que abuelita se vaya / No, no suelte' la bandera ni olvide' el lelolai/ Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawaii".

Hace una semana, cuando en los Grammy Bad Bunny dijo "we are Americans" surgió la discusión sobre si se refería a los gringos o había dicho americanos de verdad. Hoy quedó claro en el momento que mostró las banderas. Qué maravilla que, por empezar con la letra B, una de las primeras fuera la de Belice, tan azotado por el imperialismo pero tan rebelde y digno como Puerto Rico, o Cuba, o Haití.

En la cafetería, la emoción se sentía aún más en el silencio, pero en cuanto terminó regresaron los gritos, acompañados de aplausos y sonrisas. Instantes despues, el lugar se vació con más velocidad de la que se había llenado. Varios salimos corriendo hacia distintas salas, teniendo en contra los poquísimos minutos que se otorgan en la Cineteca a los comerciales. 

¿Es una forma de protesta participar espectáculo gringo más importante del año? O como dice el meme: "Is [pop star] a feminist? Is Mastercard a queer ally? Is this tv show my friend?"

La crítica y el escepticismo son vitales, pero no creo que cuenten la historia completa. Y ante otra pregunta, la de qué significado tiene una obra de arte, yo pienso que es aquel que le dan las personas, y en este caso, es la experiencia que viví en ese momento con esa gente. Ante un contexto en el que los latinos son atacados simplemente por existir, un show de medio tiempo jamás podría ser la revolución, pero la alegría que podemos compartir, la celebración de nuestra mera existencia, sí me parece una forma de resistencia.




Yo soy de P fokin R 

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